Cuando un hombre se ha fracturado el brazo, el médico tiene que descubrir el sitio exacto en que se encuentra la fractura. Empieza a tocar y a apretar suavemente con los dedos. - ¿Es aquí?
-No, doctor.
-¿Aquí?
-No.
Pero después de un rato, el médico toca una parte.
- ¡Ay! - dice el enfermo.
Es que ha sido descubierto el lugar afectado, y duele. Una cosa es escuchar a un predicador que ataca los pecados de los demás. Los hombres escuchan con grandes aplausos, e invitan a otros a escuchar la predicación. Pero tan pronto como el predicador empieza a hablar de los pecados de ellos, diciéndoles como Natán a David, "Tú eres el hombre," ya no les agrada más el sermón. Es que el predicador ha puesto el dedo en la llaga.
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